¿CUAL ES LA BUENA MUERTE?

¿CUAL ES LA BUENA MUERTE?

J. Alberto Camacho Pava

Psicólogo Universidad Nacional de Colombia

 

Porque la muerte es la experiencia humana más universal que existe… porque todos tarde o temprano tendremos una… porque la muerte es un rasero que nos iguala a todos… porque como parte que es de la vida, nuestra muerte, es algo de lo que también debemos asumirnos responsables... porque la última expresión de amor genuino que podemos hacer por los que nos sobrevivirán está representada en el empeño que pongamos por tener una muerte tranquila… y en definitiva:  porque a todos nos asiste el derecho y nos compromete el deber de tener una buena muerte; todas estas son razones suficientes para justificar un debate saludable sobre este tema. 

¿Pero cuál es la buena muerte? Con el ánimo de encontrar una respuesta a este interrogante, estructuré un Taller dirigido a hombres y mujeres de diferentes edades bajo el título de ¿HASTA CUÁNDO VIVIR Y POR QUÉ Y CÓMO LE GUSTARIA MORIR?

Las respuestas expresadas frente a los anteriores interrogantes conducen a la hipótesis de que el concepto que se tiene acerca de la buena muerte, no está determinado por factores socioeconómicos  sino por el factor histórico; es decir, por la cultura que caracteriza la época en que se vive, y así es como se entiende el que el 99% de las personas expresen una misma razón para justificar vivir hasta determinado momento y que el 95% compartan la misma preferencia en cuanto a la manera como les gustaría morir. Veamos:

“Me gustaría vivir hasta los  65, los 70 o los 80 años; en verdad la edad no me importa…  lo que me importa es vivir sólo hasta el día en que pueda valerme por mi mismo (a)… y me gustaría morir de un infarto fulminante del miocardio que sobrevenga de noche, mientras duermo” Palabras más, palabras menos, este es el contenido básico que contienen las respuestas expresadas.

Las anteriores expectativas indican que en la época actual el temor asociado a la muerte se refiere al proceso de morir y no a la vivencia del momento en que se muere o al desconocimiento de lo que pueda haber más allá de ella. Por otro lado, también queda claro que a las personas les aterra vivir sin ser autosuficientes y teniendo que depender, para atender sus necesidades básicas, de la buena voluntad o la generosidad de alguien.

Ahora surgen estos interrogantes: ¿El sentido y el valor de la vida solo es cierto cuando se goza de plena salud, vitalidad e independencia? ¿Deberíamos suicidarnos cuando no reunamos estas condiciones o hacer desaparecer a quienes no las posean? ¿Qué hacer con las vidas, incluso jóvenes, que por diversas circunstancias no pueden ser autosuficientes? ¿La vida que vale la pena vivir es equivalente solo a juventud y vitalidad? ¿Qué hacer con las personas que le encuentran sentido a su existencia cuidando de otros que necesitan de atención y ayuda?

 

En cuanto a la expectativa de que la muerte sobrevenga a través de un infarto fulminante del miocardio mientras se está dormido, ella habla del terror a la muerte cuando esté antecedida de una enfermedad prolongada, dolorosa y que implique tratamientos costosos; configurándose de paso la idea de la buena muerte como aquella que se presenta de manera súbita, sin dolor ni complicaciones.

Aquí caben nuevos interrogantes. ¿No constituye acaso, para quien muere de manera repentina y para quienes lo sobreviven, un dolor más intenso el no tener tiempo ni oportunidad para una despedida amable, rodeada del entendimiento, la conciliación y el perdón entre seres queridos? ¿Acaso es que aterra tanto la experiencia de tener que decir adiós de manera definitiva? ¿Acaso es que los que nos van a sobrevivir no tienen derecho a sentirse eximidos de la culpa que suele surgir ante la impotencia que genera una muerte inesperada?

 Si bien este tema de la buena muerte suscita polémica, las opiniones que se expresen al respecto sirven de ayuda para romper los tabú, prejuicios y temores que rodean  la idea de la muerte, amén de que se constituyen en elementos con los cuales configurar una actitud serena y responsable frente a esta experiencia que hace parte de la vida. Estas reflexiones desprevenidas y relajadas acerca de la muerte también sirven de estímulo al enriquecimiento y afinamiento del sentido y el valor del presente de cada ser humano.

Gracias de antemano por expresar sus concepciones acerca de la buena muerte a través de responder al interrogante: ¿HASTA CUÁNDO LE GUSTARIA VIVIR Y POR QUÉ Y CÓMO LE GUSTARIA MORIR? Bienvenidas también las reflexiones que surjan alrededor de este tema y ojalá unas y otras estén acompañadas de los datos sobre sexo, edad y grado de escolaridad de quien las expresa.

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Psicólogo con experiencia en asistencia terapéutica individual, de pareja, de familia y de grupo con orientación en Logoterapia.

La calidad de vida y la buena muerte

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